Satie y su paraguas

 

Todos hemos escuchado, si no con una bonita interpretación al piano, sí con un espantoso tono de celular recreado con sonidos y ritmos actuales, alguna de las Gymnopédies de Erik Satie, compuestas en 1888, en especial la primera. Y desgraciadamente es más conocido por ellas que por el resto de su catálogo, heredero de Mussorgsky, con un toque francés, en la redefinición del discurso pianístico que el siglo XX hará suyo. No quería dormir sin reproducir aquí un pequeño trozo de una crítica que hace Satie, parafraseada por el grandísimo Alejo Carpentier, a una ópera de Ambroise Thomas, compositor de la antigua escuela francesa. Ésta es una de las muchas riquezas que se pueden encontrar en el ya mil y una veces recomendado libro de Raúl Zambrano, “Historia mínima de la música en Occidente”, editado por el Colmex en su primera edición en este 2011. La crítica de Satie a la ópera de Thomas es maravillosa, y dice algo así:

 

Poco después de sentarme en mi butaca me doy cuenta de que he perdido mi paraguas.

¡Un paraguas tan bueno! No puedo quitarme la idea del paraguas de la cabeza.

Y cuando termina el primer acto, corro a donde está la acomodadora para pedirle que me ayude a encontrar mi paraguas.

Ella me lo promete. Y me instalo a escuchar el segundo acto, con algún alivio.

Pero apenas suena la introducción, vuelvo a pensar en mi paraguas.

¿Y si la acomodadora no encontrara mi paraguas? La angustia me oprime.

Y termina el segundo acto, sin haber podido pensar sino en mi paraguas.

Corro a donde está la acomodadora. Me promete que hará lo imposible por encontrar mi paraguas.

Me dice que no me desespere. Logra tranquilizarme un poco y me dispongo a escuchar el tercer acto, pero en eso

me pregunto si la acomodadora no me habrá mentido por serenarme. Esa idea me angustia, me atormenta.

Y cuando termina el tercer acto, estoy desesperado por la idea de haber perdido un paraguas tan bueno.

Pero… ¡no! La acomodadora no había mentido. Ahí estaba mi paraguas.

Me lo entrega, sonriente, y salgo del estreno de la nueva ópera del señor Ambroise Thomas con verdadera satisfacción.

Increíble, ¿no?  😀

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